Tuertos en el país de los ciegos

lunes, agosto 07, 2006

Gerontocracia y comités

Reunión de tropecientas personas (Masa cerebral tota: 1 cerebelo) que no decidirán nada, porque ya está todo decidido de antemano.
En una situación perfecta, que en el mundo raramente se da, una empresa, organización o similar, debería estar dirigida por los más capaces. En la realidad, todos sabemos de empresas dirigidas por ceporros al estilo del jefe de Dilbert, y seguramente no acabamos de entender cómo es que no se van a pique.

Esa misma sensación tengo al ver cómo se distribuye el poder en las empresas, instituciones y organizaciones japonesas. Las malas prácticas arraigadas y la ya comentada actitud de rechazo ante todo cambio a menos que te vaya la vida en ello, parecen estar en la raíz de esa distribución.

Veamos, pues, qué caracteriza a muchas empresas, y en especial, a los comités, que como siempre he considerado, son la unidad mínima de pensamiento en la organización empresarial japonesa.

  • El jefe / rector / presidente, suele ser una persona de edad avanzada, presumiblemente cualificada para ese puesto, y con más actitudes políticas (capeando el temporal, tratando con las diferentes secciones y con las instituciones y administraciones) que visión empresarial. En la práctica mayoría, obviamente, son hombres.
  • El poder real lo tienen los hombres japoneses de más de 50 años de esa organización. Toda persona o joven o extranjera o mujer, no tiene nada que decir, no pinta nada. De ese núcleo de mandatarios de edad más avanzada se deduce la reticencia generalizada a llevar a cabo cambios.
  • La comunicación es totalmente vertical, tremendamente jerarquizada, sin una gran comunicación entre departamentos. Véase lo que dice la BBC al respecto.
  • Las reuniones de comités (bastante frecuentes en según que casos) son totalmente vacías de contenido real. Las decisiones de cada departamento, o bien las impone el superior, o las toman las bases, intentando buscar un consenso entre los distintos miembros, antes de llegar a la reunión, para ahorrarse discusiones en ellos. A ese proceso se le llama 根回し, Nemawashi, algo así como menear las raíces.
  • Debido a que las decisiones están tomadas de antemano, las reuniones de comités pueden ser de dos tipos: muy cortas, yendo al grano (como deberían ser todas, de ser perfecto el sistema), o igual de largas que si hubiera que discutir, pues se pierde el tiempo en detalles, asuntos burocráticos y demás banalidades, solo porque haya gente que considere que una reunión tiene que ser larga, o no es una reunión. Eso sí, en estas reuniones largas, no habrá demasiado espacio para exponer ideas que se alejen demasiado de lo decidido previamente por el grupo vía Nemawashi.
  • Estos dos puntos anteriores implican algo muy sangrante: la presión del sistema es tal que te priva de dar tu opinión o de discrepar, porque se considera malo el apartarse de la línea oficial (¿democracia? ¡jajajajajaja!). El número te da la razón, y no siempre los hechos. La ley de la muchedumbre. Repite una mentira 1000 veces, y se convertirá en realidad.
  • Al haber acordado todos, por forzado consenso, las acciones a llevar a cabo, nadie se ha mojado, en el fondo, y las responsabilidades se diluyen entre todos, por eso nadie es responsable positiva o negativamente de algo en su totalidad. Esto, unido a que no puedas discrepar, causa que, ante una maniobra errónea pero apoyada por el grupo, no puedan rodar cabezas, y todos se protejan los unos a los otros. Aun así, honra a algunos directivos japoneses el hecho de saber dimitir y pedir perdón en público cuando han asumido una responsabilidad y han fallado en su cometido.
  • El hecho que la opinión personal de uno, por correcta que sea respecto a la opinión de la mayoría, nunca sea escuchada, acaba implicando, a la larga, una dejadez en el sentido que hay una pérdida de ganas de cambiar las cosas a mejor. Muchas buenas ideas se quedan en el tintero por eso, y al final la gente no se involucra. A la larga acabas haciendo tu trabajo en plan la ley del mínimo esfuerzo. ¿Para qué hacer un plus si no lo valorará nadie?
  • Como pasa por todo esto, al igual que en otros tantos lugares, se premia el estar en grupo, el hacer la pelota, etc. en vez de premiar las buenas ideas y actuaciones. Japón no es una meritocracia. Es una gerontocracia, donde mandan los mayores, y no los más capacitados. Esto, a los japoneses, que por lo general tienen un nivel de formación bajo (esto lo comentaremos Coelacanth y yo en otro post), puede que les vaya bien. Para gente formada, como yo, la mayoría de extranjeros con educación superior en Japón, o como un grupo de japoneses con una buena formación, esto es bastante lamentable


Resultan de todo esto situaciones realmente curiosas:

  • El jefe de un departamento será siempre la persona de más edad de ese departamento, y los ascensos y aumentos de sueldo se suceden por edad y no por méritos.
  • En una universidad nunca se dará el cargo de rector a alguien de menos de unos 58 años, pues se asume que tras su cargo al frente de la institución, se jubilará. Sería un descrédito para él el tener que volver a la docencia o a su departamento anterior. Por eso no hay rectores jóvenes por lo general.
  • Gente en las reuniones a veces bimensuales (2 veces al mes, ojo, que no es lo mismo que bimestrales), que se dedica de puro aburrimiento a escribir al ordenador, leer libros, o dormir, mientras los ponentes de los departamentos, o los responsables de las secciones más burocráticas exponen la orden del día, los resultados del trimestre anterior, etc. durante horas, cosas que realmente no hace falta exponer en una reunión, sino que basta con enviarlas vía mail o carta a los asistentes con anterioridad (hablaremos del analfabetismo tecnológico de los japoneses, su permanencia en un paradigma comunicativo de la era de la carta y el sello, y curiosamente, de lo poco apuntados que están al tema tecnológico-informático la mayoría de jóvenes en Japón, en otro post).


La crisis económica que ha enviado a pique a cientos de empresas japonesas desde principios de los 90 ha provocado, en los casos en que los empresarios han sido listos, que haya habido cambios serios en la dirección de muchas empresas e instituciones, debido a un mero instinto de supervivencia. Aun así, las malas prácticas empresariales japonesas todavía tienen una presencia importante en el organigrama de cualquier organización, lo que hace que el país no acabe de despegar del todo.

Si bien no soy en absoluto partidario de la manera americana de llevar las empresas (capitalismo agresivo, explotación del trabajador), tampoco veo bien el inmovilismo de muchas empresas japonesas, y su actitud reacia a adoptar algunas técnicas empresariales occidentales que podrían serles útiles. En el fondo, creo que el gobierno de Koizumi va en dirección de, lentamente, implantar un sistema económico japonés que copie y adapte a la manera de ser japonesa (véase anterior post, el de los estándares), la administración empresarial e institucional occidental, basándose en mejorar la productividad, a costa de lo que sea.

Ciertamente Japón es un país poco productivo, donde tienes 10 personas haciendo el trabajo de una (4 trabajando, 6 tocándose las narices, y los 10 cobrando), y muchas maniobras gubernamentales han ido encaminadas a terminar con esa situación (se ha llegado a hablar de hasta despedir a los funcionarios que sean poco productivos, comentario que en España les causaría o bien urticaria o bien risa histérica); lo que ha pasado es que muchas de las maniobras para controlar los problemas empresariales, administrativos y económicos, derivados de malas prácticas, han acabado como acaban en todo el mundo: repercutiendo en el más débil.

O sea, despidos masivos, suicidios (tema para otro post también, como veis, hay material de sobra en este país como para hacer un libro, o una colección), y desaparición, en cuestión de 4 años o así, de lo que antes era la enorme clase media japonesa. Por contra ahora, tenemos clase baja, clase alta, y una residual clase media (comparado con antes). ¿Y qué es lo peor? Que el primer ministro aún se congratula de ello. Y públicamente. Yo diría que es para llorar.

Esto es todo por hoy.

3 Comments:

  • Bueno, me estoy leyendo el blog desde el principio. Me parece bastante interesante :-)

    El caso es que éste post me ha recordado mucho a la película "vivir" de A. Kurosawa. No sé si la has visto, es una especie ¿qué ocurriría si alguien quisiera cambiar las cosas? lo mejor es el final, cuando todos hacen su declaración de intenciones...

    By Anonymous Luisoyo, at vie. oct. 06, 06:56:00 a. m. GMT+9  

  • Apunto tu recomendación, pues. A ver si aguanto la película :)

    Nah, en serio, vi una vez la de "Akahige" y me pareció una película muy buena. Seguro que escuchándola entre líneas puedo verle algo a esta también.

    En todo caso, como se habrá notado por lo que decimos, creo que la fuerza de la inercia de la costumbre es un poder muy fuerte. No solo aquí, en todas partes. Por desgracia.

    By Blogger R - ヘ(゚∀゚ヘ)アヒャ, at vie. oct. 06, 02:02:00 p. m. GMT+9  

  • Y tambien muy peligroso!

    Y es que mal veo la cosa, si ya de por si existe esa lucha entre paises y empresas por conseguir la cobertura de mercado de las competidoras y en el caso de japon esto se agrava con china y corea tras su posicion; estancarse y no adaptarse a los nuevos tiempos (duros ademas) que corren y no aceptar el cambio de una mala organizacion interna acentuada con una capacidad dudosa que parece que se va aproximando solo puede traer consigo malos resultados.

    Con esta manera tan rigida de dirigir una empresa se pierden ideas/decisiones/acciones/iniciativas etc importantes. y es realmente sorprendente que ni se planteen el cambiarlo; al fin y al cabo se trata de dinero, de su dinero, y no de poco.

    By Blogger ametaim, at lun. nov. 17, 07:48:00 a. m. GMT+9  

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