A veces las comparaciones resultan odiosas.
Estaba pensando ahora yo en los trámites que tuve que pasar el curso pasado y este, en la universidad, para matricularme en el master (primer y segundo curso respectivamente). Me he dado cuenta de que el cambio en los procedimientos, en solo un año, ha sido importante, y lo mejor de todo, ha sido para bien; sin embargo todas las mejoras tienen un lado oscuro según el punto de vista desde el que se miran. Me explico:
Año pasado: Para matricularme, tuve que hacer decenas de trámites, ir a correos a hacer ingresos a la cuenta de la universidad para algunos gastos que no cubre ninguna beca, tuve que rellenar a mano un papelucho en plan diagrama horario semanal, basándome en un tocho de como 200 páginas, escrito sin el mas mínimo maquetado y sin prácticamente divisiones de párrafos, en el que encontrar la información que deseas es una utopía. Tras aprenderme un sistema de aplicación de créditos propio de la universidad, y un par de normas, rellené el papel, fui a buscar al profesor tutor, lo revisó, me lo firmó, lo firmé yo, y lo entregué con el resto de papeles en un sobre tamaño A3 en secretaría del centro.
Este año: gracias a la contratación de un técnico informático (un chico calvo y algo cebollón con mucha pinta de friki, con pantalones a cuadros lila y verde, pero muy buena persona, y lo más importante, tremendamente eficiente en absolutamente todo lo que hace, hasta el punto que en cada vez que nos tiene que solucionar un problema técnico, nos sorprende favorablemente), la adquisición de varios equipos informáticos nuevos (PCs, con una especie de aparato en plan lo del bootcamp que tienen los macs, pero externo, que permite encender en Linux [sistema oficial de la universidad, por ser gratuito, distro Turbolinux], y en Windows [novedad, porque al ser una univ. semipública, hasta ahora no había medios para adquirir licencias]), y una especie de applet de java curioso, pudimos realizar la matriculación todos los estudiantes de forma informatizada. Curiosamente, lo único informatizado era el rellenar esa tabla, porque luego tenías que llevar copias de la tabla de horarios impresa desde el PC a secretaría, pero ciertamente era el único papel que había que entregar, cosa que se agradece.
A todo esto, me vienen a la cabeza un par de reflexiones que me hice ya hace un tiempo, hablando con mi profesora respecto a la actitud ante la informática de nuestra universidad en general (que espero que cambie). Ella llegó al centro en 1996, y justo un mes antes de llegar ella, metieron red informática y e-mail en la universidad. Una barbaridad de retraso si lo comparamos con su estancia en EEUU, cuando hizo sus postgrados, donde tenían e-mail desde un buen principio. Bien, que llega, ella, le instalan como pueden la conexión en su despacho y, ilusa ella, se pensaba que a su cuenta de mail de la universidad, le iban a llegar… ¡avisos internos! ¡NI UNO! Y eso no ha cambiado. Aun habiendo pasado diez años desde entonces, todos los avisos internos al profesorado se hacen exclusivamente vía papel (y ojo, no es papel reciclado, en muchos de los casos). Que digo yo, en diez años, ¿no podrían haber creado una lista interna de distribución de avisos internos? Vamos, no obligatoria (quien no sepa usar un PC, que reciba sus avisos en papel), pero sí que estuviese disponible para todo el profesorado. Se iban a ahorrar bastante dinero en papel, y tiempo enviando papeles a la gente.
Esto me lleva a pensar en las toneladas de papel que derrocha la universidad (hablo ya solo de la nuestra) cada año: En mayo, cuando la universidad se deshace de los folios sobrantes de respuesta de los exámenes de entrada (folios que, en vez de ir a trituradora y reciclaje, van marcados como “Para quemar”), y de papeles en sucio y libros y revistas viejas de profesorado y clubes, me duele pensar que, de organizar las cosas de una manera más eficiente, y usando las nuevas tecnologías (ojo, ya no son TAN nuevas, digo yo, que podrían haberse adaptado ya), se ahorrarían mucho dinero en papel; si les da igual el medio ambiente, al menos que lo vean desde este punto de vista. Porque aquí, encima, eso del reciclaje de sobres, y de papel usado para volver a imprimir detrás, es algo que no se practica. Les gusta demasiado usar material siempre nuevo, o sea, siguen mentalmente en la época del desarrollo y el consumismo.
Pero no. A papel. Todo. Y en los claustros de profesorado, todos los papeles que les han enviado de “Información previa”, se los reparten de nuevo a todos los profesores. O sea, derroche por vía doble, derroche porque esos papeles no se los lee nade, ya que, como ya comenté en el post de los comités, a esos claustros se va a levantar la mano y nada más.
Si comparo esto con mi universidad de origen, donde hice la licenciatura (UAB), veo que entonces, ya cuando hacía segundo, en el 98, muchos de los trámites, matriculaciones y similares, de muchas facultades, se hacían de forma 100% informatizada, y cuando volví a buscar el título en el 2003, vi que se había avanzado bastante en el asunto, sobre todo por lo que respecta a un rudimentario sistema de clases virtual y en la comunicación por e-mail entre profesores y alumnos.
Y si comparo todo esto, con la universidad a la que pretendo ir para hacer el doctorado cuando acabe aquí, en Holanda, no se si caerme de la silla de sorpresa, o de ilusión: allí el uso de la tecnología en la matrícula, en las clases, en la comunicación con el profesorado, etc. está 100% implementado.
Visto esto, y volviendo al caso de mi universidad aquí en Japón, me vienen unas cuantas reflexiones a la cabeza:
- Si se supone que somos (por ahora / todavía) una universidad puntera en nuestro campo (lenguas) en Japón, ¿cómo es que no se ha usado un poco más la tecnología? Ciertamente, el tardar tanto, da mala imagen y eso espanta a los nuevos alumnos. Para atraer clientes, nada mejor que las obras faraónicas. Sad but true.
- Supongo que la escasa formación tecnológica de los ciudadanos en general (da igual la edad), influye en el hecho expresado arriba. O sea, no se ha considerado necesario. Da que pensar.
Siguiendo el hilo, cuando me refiero a que la gente no tiene formación tecnológica, muchos de vosotros diréis “¡anda ya!, Japón es un país muy avanzado tecnológicamente". Ante esto, tengo que puntualizar algo, pues es una afirmación cierta y falsa a la vez. Los japoneses son gente que suelen apuntarse a las nuevas tecnologías sin demasiados remilgos, y están siempre listos para adquirir nuevos cachivaches, móviles con mil y una funciones, tazas de water con calefacción y bidé incorporado, hornos que hacen de todo, balanzas parlantes, lavadoras inteligentes, neveras de última tecnología, aires acondicionados cinco años más avanzados que los que hay en occidente, pero… ¡¡¡¡FIJAROS!!!! Estamos hablando de electrónica de consumo, o sea, electrodomésticos, básicamente. En esto, Japón gana a cualquier país, y sobre todo a España, que en este sentido, ha sido siempre muy cutre. Pero por lo que respecta a informática, en Japón, la gente no tiene pajolera idea. A parte de que los informáticos estén considerados en Japón como freaks otakus sin pizca de humanidad en sus venas (y si, como todo español de mi edad, sabes usar el pc para algo más que el google, y sabes teclear con más de un dedo por mano, a más de una palabra por minuto, te tratan a ti de freak, o sea, te culpan a ti de sus carencias tachándote de extraño), la gente, por lo general, incluso la gente joven, no toca ordenadores casi nunc
a. Los japoneses saben, como mucho, usar funciones tan básicas de un ordenador como encenderlo, apagarlo, escribir algo en el Word o similar (hasta que hay un error, que no saben solucionar), y usar a un nivel muy rudimentario el MSN. A parte de esto, aquí la gente normal no saben ripear cds, bajarse películas, ni cosas que en España una chica de quince años te sabe hacer. Eso si, mirar Internet por el móvil y enviarse con el ídem e-mails, eso sí que saben, pero no les digas de usar el google o una cuenta gratuita de e-mail de Internet, que se te pierden. Aquí, un tuerto informáticamente, como yo, soy el puto rey.
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Esta incapacidad con la informática viene, por lo que se dice, porque aquí no se empezaron siquiera a plantearse usar ordenadores hasta la entrada de Windows 95 (los mac antes eran lo que había, eran caros, elitistas, y no iban bien para las necesidades de los japoneses, y antes del W95 aquí virtualmente NADIE le daba a la programación para PC), así que empezaron a despertar ya tarde, y no ha sido hasta la llegada de XP que la cosa no se ha medio extendido. En sitios donde en España tenemos ordenadores haciendo trabajos, expendiendo billetes, calculando rutas, rellenando formularios automáticamente, en Japón, todavía en muchísimos sitios, tienen auténticos mastodontes de máquinas preparadas para una función en concreto, que parecen sacadas de los años 70, y seguramente lo sean. Y aun se usan, ojo. Y cuando se estropean, no quiero ni pensar en la factura que les debe de caer.
- Un ejemplo curioso de este tipo de máquinas, es el de los trastos que se empleaban en los registros municipales y de distrito: los trabajadores, en su lugar de trabajo, y hasta entado el año 2005, tenían la opción de entrar los datos de registro o bien a mano, o bien con una máquina totalmente obsoleta, una especie de máquina de escribir rara hecha después de la segunda guerra mundial. Llegado el 2005 es cuando se han dignado, pues, a cambiarlas por ordenadores, y esto ha conllevado que los funcionarios, tras la introducción de los ordenadores en el trabajo, se hayan tenido que pasar varios meses haciendo horas extra hasta la noche para pasar a la base de datos del PC todos los impresos que tenían en papel. Sinceramente, en pleno siglo 21 ver esas reliquias de hace 30 años da bastante lástima. No la daría de no ser un país que siempre ha presumido de tecnología, pero que en la actualidad, excepto un puñado de empresas punteras que sí que apuestan por la investigación, se está quedando atrasado ya no digo tanto en las máquinas, sino por la mentalidad: se vive todavía en el paradigma mental del papel.
Supongo que es lo que tiene ser un país de extremos y de contrastes.