La generación perdida. Parte 1: "Los responsables"

Para hacer al país más competitivo la gente comenzó a trabajar desmesuradamente, dando más prioridad a los intereses de las empresas que a los propios. Se hizo habitual la imagen de trabajadores encerrados en la oficina hasta tarde y volviendo a casa a altas horas de la noche. A la disponibilidad total de horarios le siguió la libertad total de las empresas para destinar al trabajador que quisieran a la sucursal que más les conviniera, ya fuera dentro del país o bien fuera.
Si bien fue esto lo que convirtió en pocos años a Japón en la segunda potencia económica mundial, es precisamente el motivo que está llevando el país a la ruina. ¿Pero tiene algo de malo trabajar de la mañana a la noche? La gente estaba demasiado ocupada como para plantearse esta pregunta.
El futuro de un país es su juventud, y los responsables de la educación de ésta, la generación que la precede. Esta educación se puede dividir en dos partes. La primera, la educación que se recibe en la familia, y la segunda la formación académica.La encargada de educar a los hijos es la familia. Pero si la familia está todo el día en la oficina no hay nadie que lo vaya a hacer por ellos: los hijos no se van a educar solos. En una familia típica japonesa el padre se va a trabajar antes de que se levanten sus hijos y vuelve cuando ya están durmiendo. Muchas veces el padre vuelve todavía más tarde, después de beber con los compañeros de trabajo, algo que se considera normal y parte de éste. Si padres e hijos no están juntos la comunicación entre ambas partes es imposible y no se pueden transmitir a los hijos valores morales básicos que difícilmente podrán ser adquiridos cuando sean adultos.
Esta situación es todavía más acentuada cuando el padre es destinado por la empresa a una sucursal en cualquier parte del país o incluso fuera de éste. A diferencia de lo que muchas personas pueden pensar, esto no es algo que sea voluntario, si no que es una obligación, y la compañía no tiene en cuenta la situación familiar del empleado. Es decir, que si éste tiene dos hijos que llevan estudiando tres años en una misma escuela y la empresa le ordena trabajar para una sucursal que se encuentra a más de 500Kms de distancia, al empleado no le queda más remedio que mudarse con toda la familia, interrumpir el curso escolar de sus hijos y cambiarlos de colegio. Otra opción por la que optan muchos padres es dejar sola a la familia e irse a vivir al sitio donde han sido destinados.
A todo esto hay que sumar la actitud del gobierno que como siempre da prioridad a las empresas sin pensar en las personas. No solamente estoy hablando de los derechos de los trabajadores y de sus familias, sino también de la pasividad de un ejecutivo que no hace absolutamente nada para defender a los menores de una exposición constante a la publicidad abierta en la calle de locales de alterne y la pornografía, delante de la que se encuentran completamente indefensos. No es un hecho extraño, pues, el ver a gente en el tren leyendo publicaciones de carácter pornográfico delante de todos.
Por otro lado, también se echa de menos la intervención del gobierno ante un sistema de contratación de empleados que lleva más de veinte años obsoleto y no se adapta a la realidad actual de Japón. En la época de la burbuja económica, hasta principios de los 90, las compañías contrataban solamente a los universitarios recién graduados. Si uno no era capaz de conseguir un puesto de trabajo el año de su graduación, difícilmente lo podría hacer durante el resto de su vida, ya que las compañías estigmatizan a todo aquel que ha estado un año sin tener trabajo. En la actualidad muchas empresas han sustituido los trabajos fijos por arubaito, que es un empleo sin contrato donde se cobra por horas, no hay seguro médico, los ingresos son inestables y el empleado es susceptible a ser despedido cuando más le convenga a la empresa. De este modo se han sustituido muchos trabajos fijos por empleos basura, agravando así todavía más el problema de la falta de empleo. Los estudiantes tienen serios problemas para encontrar trabajo una vez se han graduado, y al tener las empresas el mismo criterio que hace veinte años, jóvenes graduados y teóricamente preparados ven como se les cierra el mercado laboral a los 23 años por el simple hecho de no haber encontrado trabajo a los 22.
Si bien mientras los hijos no eran mayores de edad el problema no era muy evidente, ahora que esta generación ha crecido los mayores se están dando cuenta de que es una generación perdida e intentan buscar un culpable sin querer darse cuenta de que son ellos mismos: una generación siempre es el resultado directo de lo que ha creado la anterior.
Veamos a continuación algunas de las consecuencias de lo que acabo de explicar:
A falta de otros valores, los jóvenes se han vuelto extremadamente materialistas. Muchas chicas han aprendido a apreciarse a sí mismas y a los demás solamente por lo que tienen. Muchas de ellas están completamente obsesionadas por comprar artículos de marca como Gucci, Louis Vuitton o Chanel.
- Los nuevos padres, al haber crecido en un entorno donde la relación con la familia era prácticamente inexistente, son incapaces de dar cariño a sus propios hijos. Esto ha propiciado una campaña de anuncios en televisión pidiendo expresamente a los padres que hablen con sus hijos y que los abracen.
- Muchas estudiantes de secundaria, generalmente entre los catorce y dieciocho años de edad, se prostituyen solamente para poderse comprar artículos de marca. Sus clientes son generalmente hombres entre cuarenta y sesenta años de edad, casados y con hijos.
- Muchas otras chicas, ya pasados los 18, optan por trabajar en un hostess club, un trabajo que se basa en trabajar en un club nocturno, con ropa muy ligera, sirviendo alcohol y dando conversación a hombres que pagan por su compañía. El objetivo del trabajo es beber y vender cuanto más alcohol posible. Muchos hombres ofrecen dinero a cambio de otros favores que van desde hacer de acompañante a mantener relaciones sexuales. El dinero que pueden ganar varía mucho dependiendo del local y de las ventas, aunque suele ir de 3000 yenes la hora a más de 15000.
- Otras muchas chicas trabajan en locales de "health", cuyo nombre es un tabú para hacer referencia a prostíbulos. Paradójicamente se da el hecho de que la prostitución está expresamente prohibida por la ley, de manera que el sexo, como tal, nunca puede ser practicado en dichos locales. Conociendo a chicas que han trabajado en estos locales, es una de las formas más fáciles para ganar más de un millón de yenes mensualmente.
- Muchos jóvenes japoneses se cierran en banda y se aíslan completamente de la sociedad, encerrándose en sus habitaciones durante periodos que pueden llegar a durar años. Este fenómeno es llamado hikikomori y entre otros motivos es resultado de la frustración del individuo por no poder cumplir unos obsoletos paradigmas que se esperan de él (encontrar trabajo fijo a los veintidós años y ser una persona útil para la sociedad). El estigma de que si una persona no ha conseguido trabajo en el año de su graduación es un inútil, hace que las empresas cierren el mundo laboral a todas estas personas. Además, la edad máxima exigida para los nuevos empleados agrava la situación de estas personas que ven como les cierran todas las puertas del mercado laboral antes de que puedan llegar a cumplir los 30 años de edad. Esto lleva a muchos a la desesperación e incluso al suicidio.
- La cultura del esfuerzo, que siempre ha caracterizado a la sociedad japonesa, se está perdiendo poco a poco. Muchos son los jóvenes que se centran en el presente sin ninguna planificación de futuro. Pese a no tener recursos económicos ni empleos estables, muchos quieren seguir el ritmo consumista al que estaban acostumbrados cuando eran pequeños. Por este motivo proliferan compañías que prestan dinero a cambio de elevados intereses. Muchos jóvenes se han llenado de deudas que no pueden pagar y la situación se ha hecho tan insostenible que se ha tenido que lanzar una campaña publicitaria en televisión a nivel nacional para advertir a los jóvenes del peligro de endeudarse excesivamente. Pinchad aquí para ver directamente el anuncio.
Se echa en falta un mínimo de modales en los jóvenes. Muchos se sientan en el suelo en cualquier parte para comer, ya sea delante de una tienda como en el tren. Muchos hacen caso omiso de la prohibición de fumar en estaciones y otros sitios públicos. Otros hablan a voces por el teléfono en el tren, pese a estar prohibido y sin tener en cuenta las personas que se encuentran a su alrededor. Otros muchos muestran una seria falta de respeto por todos los demás,como en la manera de dirigirse a la gente. Y ya se ha hecho habitual el ver a gente tirar basura en cualquier lugar. En la página que he mencionado arriba se pueden ver varios spots que intentan concienciar sobre este problema.
- La delincuencia juvenil ha subido estrepitosamente en los últimos años, algo que era impensable en un país como Japón. Los casos de tirones cada vez se están haciendo más habituales. También están al alza los hurtos en tiendas y supermercados, entre los cuales se encuentran los robos de cosméticos perpetrados por colegialas.
Una cosa que me hace muchísima gracia es ver como muchos japoneses de más de cincuenta años se quejan de la actitud de la juventud de su país tachándolos de maleducados y de inútiles. Muchos de ellos se lo reprochan directamente a la cara, haciéndoles pasar un mal rato en el tren con un discurso critico-destructivo. Si bien tienen razón, no saben darse cuenta que es el resultado directo de lo que ellos han creado. Se creen que los niños se crían a sí mismos.
Si en este post me he centrado básicamente en la educación a nivel familiar, en el próximo post hablaré sobre la formación a nivel académico, especialmente sobre la universitaria. Ésta, junto a los criterios de las empresas a la hora de reclutar empleados, ha hecho de las universidades japonesas una simple extensión del bachillerato donde no se aprende nada.